Charles Dauthendey, citado en Pequeña historia de la fotografía, de Walter Benjamin.

Los helechos crecían desordenados en las grietas de las paredes y los vidrios rotos dejaban ver el abandono en su interior. Por el techo se filtraban suaves rayos de sol, dibujando, entre las sombras, inesperadas siluetas. No se percibía en ellas sensación alguna. Ni curiosidad o asombro, ni miedos o tristezas... Permanecían estáticas, imperturbables, cual fantasmales espectadoras de la eternidad. Detrás de esas viejas ventanas, me observaban distantes, desde otra historia, desde otro lugar... desde aquella fotografía.
La fotografía que sostengo en la mano y que me inspiró a escribir este texto, la tomé en los antiguos talleres (construidos a principios del siglo XIX) del Ferrocarril Central Argentino, antes de la restauración y remodelación de las estructuras originales, y donde hoy se encuentra el Alto Rosario Shopping.
Fotografía de Laura Rivera
2 comentarios:
A veces somos salvajemente sádicos con nuestra memoria...
Juan
En este caso fue una memoria trucha... pura imaginación...
Un gusto tu visita, Juan!
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